Reflexión tras un mes en Edimburgo

Tras un mes en un nuevo país, me apetecía hacer un pequeño repaso a todo aquello que ha ido sucediendo en estos días.

La idea de venir aquí no fue precipitada ni mucho menos. Llevábamos mucho tiempo planteando que queríamos llevar a cabo un cambio radical en nuestras vidas, salir de la zona de confort, comenzar una nueva experiencia en un país distinto al nuestro y saber qué se siente cuando debes ser tú mismo quien “se saque las castañas del fuego”.

Estuvimos un tiempo leyendo sobre el lugar donde pasaríamos los próximos meses e informándonos de todo aquello que nos parecía interesante. Hoy en día lo de emigrar no es algo tan desconocido como hace años cuando las familias se tenían que marchar sin apenas nada y sin saber con qué se iban a encontrar, a día de hoy ya sabes hasta el autobús que te lleva hasta tu hotel antes de llegar, o dónde poder recurrir si algo te pasase.  Pues bien, para nosotros tampoco iba a ser tan distinto, como os digo ya habíamos leído sobre Edimburgo para hacernos a la idea de cómo era la ciudad, qué había, qué podíamos visitar, etc.

Recuerdo que los días previos a coger el avión era como si estuviésemos viviendo en un sueño, éramos conscientes de que  teníamos que despedirnos de nuestras familias y amigos/as pero no te hacías realmente a la idea de que desde el momento en que cogieses el avión no podrías darles un beso o un abrazo a diario. No era la primera vez que me marchaba de casa pero si la primera vez que lo hacía a otro país para una larga temporada. Como digo la sensación que tenía era como estar viviendo en un sueño, como si por el hecho de que yo me marchase mi vida, la que tenía hasta ese momento se fuese a parar y volvería a ponerse en marcha una vez yo regresase, pero esto es sólo un mecanismo que toma tu mente aunque no se realmente si es para que no te sientas triste, o para ponerte las cosas más sencillas, pero lo que quiero decir es que empiezas a sentir que tienes dos vidas, una al lado de tus seres queridos y otra con la nueva vida que emprendes.

El día que llegamos estaba inmensamente feliz, comenzaba una nueva etapa en la vida, nuevos retos, nuevas aventura, vida en pareja… Por suerte para nosotros tuvimos un gran respaldo, una chica de mi pueblo con la que hacía años que no hablaba, resultó que estaba viviendo en Edimburgo y se convirtió en una especie de ángel de la guarda para nosotros, nos ofreció una habitación, nos explicó dónde debíamos ir a hacer los primeros trámites, autobuses, supermercados.. No sabíamos cómo agradecerle a la buena de Jess toda su amabilidad y generosidad, aunque a día de hoy tampoco sabemos cómo hacerlo. Llegamos a un piso para unos 15 días hasta que pudiésemos encontrar otro. Nos habían avisado de que normalmente aquí la gente no hace mucha vida de compañeros de piso así que tampoco esperábamos llegar y que fuera como un episodio de Friends pero de ahí a que ni te saludaran cuando nos cruzábamos por el pasillo, que podía ser una vez cada tres días era demasiado. Nos pusimos a buscar un nuevo piso donde instalarnos, ya que lo más complicado una vez llegas es encontrar un lugar donde vivir, además nos apuntamos a clases de inglés gratuitas para conocer gente nueva y así mejorar con el idioma.

Las cosas iban sucediendo poco a poco pero con buena letra. Estábamos contentos con la decisión que habíamos tomado pero había algo que hacía que no nos levantásemos con la misma energía que como cuando estábamos en España, ¿qué nos estaba pasando? Algo va mal, pensaba yo. ¿Será que esto realmente no me gusta y me intento engañar? Pronto supimos que era lo que nos pasaba, la falta de sol estaba haciendo estragos en nuestro humor. Un día te levantabas feliz al día siguiente sólo querías dormir, no teníamos ganas de nada, no sabíamos como sobrellevarlo, pero lo más importante es que nos dimos cuenta e intentamos combatir la lluvia, el viento, el ambiente tan gris, a base de dulces, y buena energía ya que a causa del clima puedes tener fuertes bajones anímicos.

El fin de semana que más solicitudes enviamos para buscar piso, y bueno siendo sincera el único, David mandó un email a una oferta donde no había ni siquiera fotos, pero aun así el anuncio nos llamó la atención por algún motivo y rápidamente Safina, la casera, se puso en contacto con nosotros para visitar el piso ese mismo martes. Uno de los consejos que nos habían dado era que no cogiésemos el primer piso que viésemos, pero aquí todo iba sucediendo “casualidad” tras “casualidad” así que estábamos tranquilos y sólo dejábamos que las cosas pasasen. Habíamos concertado varias citas, pero aunque lo intentamos con todas nuestras fuerzas no conseguimos llegar a las citas acordadas así que la única casa que visitaríamos esos días fue en la que vivimos ahora. Llegamos y fue un flechazo, todo nos encantó, la casa, los compañeros/as, Safina, los gatos, el jardín, todo absolutamente era perfecto y supimos que este sería nuestro hogar. Así que de nuevo, hicimos caso omiso a los consejos y decidimos quedarnos con el único piso que vimos.

Los días iban pasando e íbamos sintiendo que realmente aun siendo el principio de toda la aventura este era el sitio en que debíamos estar. La gente que íbamos conociendo aparecía sin motivo aparente pero con características muy similares a las nuestras dispuestos/as a enseñarnos alguna lección. Nunca había creído tanto en las casualidades o más bien causalidades como lo estoy haciendo desde que llegamos aquí.

Sé que no siempre las cosas van a ser fáciles, pero lo más importante que fue dar el paso de venir y cambiar nuestras vidas ya está hecho, ahora todo lo demás depende de nosotros y de la actitud que le pongamos a la vida. Cada día me doy más cuenta de que cada acción trae consigo una reacción y que realmente somos nosotros quienes debemos guiar nuestra vida hacia dónde queremos ir, sin perder el rumbo y las fuerzas, ya que todo lo que te propones tarde o temprano llega. Es cuestión de actitud!

Además tengo que añadir que para una mayor alegría el mismo día que cumplíamos un mes en Edimburgo, los dos conseguimos un trabajo. Sabemos que estamos teniendo mucha suerte y nos sentimos muy afortunados por ello. Vamos a seguir luchando a diario por aquello que hemos venido a conseguir aquí y sobre todo por ser felices!

Y si tú que estas leyendo esto te estas planteando salir de tu zona de confort, pero todavía hay algo que no te deja dar el paso te recomiendo que lo hagas. Lo que puedes aprender de una experiencia fuera de lo conocido te ayudará a crecer pase lo que pase, toda vivencia es única y estoy segura de que aportará grandes cambios a tu vida. El camino es mucho más sencillo de lo que a veces pensamos.

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